
Aunque tengamos buena intención, no se le puede dar al otro lo que no quiere de nosotros.
Exponerse al rechazo una y otra vez, es no querernos nosotros mismos.
Quien se regala, nada obtiene. A todo el mundo le gusta escoger.
Hay que extender los sentimientos sin dejarles traspasar el límite en el que estemos tirando piedras contra nuestro propio tejado.
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